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¿LAS FARC NO LA TIENEN CLARA?

 

ANÁLISIS ESPECIAL / OLA POLITICA

 

Clara Rojas es víctima. Al igual que mas de seis millones de colombianos que han sido despojados de su vida, su dignidad, su futuro por parte de los actores armados ilegales, e incluso legales. Ella fue secuestrada por las Farc junto con la entonces candidata presidencial Ingrid Betancur. Y regresó de la selva después de siete años de soportar extremas condiciones de crueldad.

 

Ella es símbolo del dolor de las mujeres, de las víctimas. Y su hijo Emmanuel, nacido en medio del cautiverio en el sur del país, salvado de la muerte por un auxiliar de la guerrilla que lo entregó al ICBF, representa también la esperanza de un país que ha buscado sin tregua la paz.

 

Clara fue revictimizada por las Farc mediante una carta cruel de una anónima guerrillera que la descalificó como víctima y quiso borrar de un solo plumazo todo el dolor que le infringió ese grupo armado. Así pretendieron negarle su derecho a ir a La Habana, a mirarle la cara a los negociadores de esa guerrilla y hablar de la reconciliación, avalada, ademas, por su credencial de congresista del Partido Liberal.

 

El terremoto político que generó ese episodio obligó a las Farc a rectificar, pero el daño ya estaba hecho. Fue una autogol de esa guerrilla. Y una bofetada a las víctimas.

 

En los dos años que lleva el proceso de La Habana pocas veces se han vivido momentos de tanta incertidumbre. El episodio de Clara Rojas sirvió para exteriorizar, nuevamente, la desconfianza de amplios sectores de la opinión pública sobre la sinceridad de las Farc y la pronta firma de los acuerdos que pongan fin a la crueldad de la confrontación.

 

Desconfianza que aumenta cuando las Farc rechazan la creación al interior de las Fuerzas Armadas de un Comando de Transición, dirigido por el General Javier Flórez, que se encargará del tema del posconflicto y la futura entrega de las armas por parte de los ejércitos irregulares.

 

Las Farc consideran que con la creación de ese Comando de Transición el gobierno nacional envío un mensaje equivocado al país, y a la “guerrillerada", de que la guerra ya terminó y las Farc van a entregar muy pronto las armas.

 

Los insurgentes respondieron con la creación de un Comando de Normalización, que dirigirá el veterano comandante del Bloque Sur, Joaquín Gómez.  

 

Será la primera vez en la historia que los militares tendrán asiento en la mesa de conversaciones. Ha repetido el Presidente Santos para calmar a quienes al interior de la tropa buscan pescar en río revuelto, escuchando los mensajes de la extrema derecha uribista, que alega que se esta equiparando a las Farc con el Ejército.

 

Para las Farc el tema de la entrega de armas no forma parte de su libreto. Ese es un punto de honor. Para ellos resulta imposible la foto de sus comandantes entregando sus fusiles, como sucedió en los procesos anteriores con el M-19, el EPL, Quintín Lame o CRS. Para las Farc las armas se entregarán solo cuando se hayan cumplido los acuerdos. Mientras tanto deberán estar bajo custodia de alguna organización internacional o un país amigo.

 

Lo cierto es que las Farc sacudieron con fuerza, otra vez, la confianza de los colombianos. Ya dijeron que la negociación podrá durar muchos meses más.  No se sabe si para cañar o mandar un mensaje de calma a sus combatientes. Pero ese mensaje da argumentos a quienes promueven el discurso de extremo cinismo de que en La Habana no pasará nada. Excepto una nueva burla del Estado por parte de la guerrilla.

 

No hay tal. Las Farc saben que los tiempos de la guerra han terminado.  Pero se siguen haciéndose las difíciles. Y en medio de sus estrategias de negociación, para confundir al adversario y sacar mayor provecho de la mesa, mandan mensajes equivocados a quienes luchan con fe por la salida política. A quienes construyen espacios políticos para que despojados de los fusiles tengan oportunidades reales de acceso al poder por la vía de las urnas.

 

América Latina se ha convertido en ejemplo global de democracia y cambios pacíficos. Las aventuras militaristas, los ejércitos guerrilleros triunfantes, y los dictadores populistas son cosa del pasado. Los ejércitos extremistas, como los islamistas o nacionalistas, aquí no tienen cabida. En América Latina y el resto del mundo hay un clamor para que las Farc entiendan que su destino esta en las urnas, no en las tumbas.

Esa organización debe abandonar la arrogancia y el cinismo que expelen algunos de sus comandantes, y entender que los errados mensajes que envían a la opinión pública dejan sin espacio de maniobra a quienes le apuestan con sinceridad a la paz. Como Clara Rojas y Emmanuel. Como las víctimas que perdonaron y buscan borrar del alma el hierro caliente de un AK47.