Actualizado:Lun, 09/22/2014 - 21:03  

Rendiciones de cuentas

Por HÉCTOR HERNÁNDEZ AYAZO

Entre nosotros, lejos de ello, la rendición de cuentas es, por norma general, una comedia en que el funcionario de turno y sus adláteres narran los aciertos sublimándolos, empequeñecen las adversidades si no es para tomarlas como excusadoras de falencias y ocultan los fracasos importantes. Las rendiciones de cuentas se convirtieron en episodios de autoelogios de los administradores públicos.

Cartagena ha tenido un año accidentado en su administración, cinco alcaldes en doce meses, por la conocida enfermedad que aqueja al elegido por el pueblo, Campo Elías Terán, y la intervención, discutible por cierto, de la Contralora General de la República. Esos vaivenes aparejaron sus consecuencias y el año jamás podrá calificarse de bueno.
 
Qué pasó en este año y en qué se invirtieron los recursos públicos, es una pregunta pertinente. A Terán Dix y sus encargados se les acusó en forma repetida de abstención en la inversión programada. Si aceptamos que ello fue cierto, cabe interrogar: ¿dónde están los dineros apropiados para esas inversiones no realizadas? Si esos dineros existen, como deben existir, debemos estar prontos a recibir una avalancha de inversiones públicas: las propias del próximo ejercicio presupuestal y las aplazadas para las cuales deben existir los dineros no gastados.
 
Lo justo y democrático es brindarle oportunidad a cada alcalde a que rinda un informe del lapso en que se desempeñó. Así sabríamos la verdad sobre muchas cosas. Permitamos que Campo y Merlano y Brieva cuenten lo que cada uno hizo y dejó de hacer, y que Mac Master y Otero hagan otro tanto. No sólo sobre dineros sino también sobre gestiones.
 
Y que nos digan la verdad plena. Que no se limiten a decirnos que este año entrará a funcionar el emisario submarino sino que al fin la administración tenga respeto y honradez para con los habitantes y contribuyentes de Cartagena y nos declare con exactitud cuánto costó el siniestro, de dónde han salido los recursos para corregir el desastre y qué programas de expansión y reposición se afectaron.
 
Que nos cuenten con precisión en qué va Transcaribe, cuánto ha costado hasta hoy, cuánto de lo gastado corresponde a sobrecostos y errores de diseño o programación o ejecución, y quiénes han sido los directivos o partícipes en las situaciones de desacierto. Es inadmisible que siendo la accidentada ejecución de Transcaribe un desdoro para la ciudad, los responsables del manejo del proyecto sean señalados como sobresalientes administradores públicos.
 
Que nos digan de verdad cuánto se ha invertido en negociar vendedores estacionarios y cuántos quedan o han llegado. Y que nos señalen cuántas órdenes de prestación de servicios se han expedido este año y por qué montos y en qué dependencias.
 
En fin, ¿por qué no nos dicen discriminadamente qué hizo cada dependencia con su presupuesto?
 
Transparencia es exponer desnudos los actos de la administración al examen público, transparencia es informar sin silencios y mentiras.
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